Por qué necesitas mejorar tus prácticas de labranza

La labranza ha sido inseparable de la producción vegetal desde las épocas tempranas de la agricultura. La labranza es la primerísima de las tareas al comienzo de una estación agrícola. Es la práctica de preparar el suelo para sembrar, que normalmente se realiza usando herramientas de labranza. Una producción alta está relacionada con suelos bien cultivados, que proporcionan un entorno adecuado para que germinen las semillas y crezcan las raíces. Además, la labranza puede contribuir a controlar las malas hierbas, interrumpir los ciclos vitales de las plagas, incorporar nutrientes al suelo y manejar los residuos orgánicos*. La labranza afecta la practicabilidad del suelo y por lo tanto afecta finalmente el resto de las operaciones del terreno: La cantidad de agua necesaria para riego, la cantidad de pesticida, así como los suplementos necesarios de nutrientes. Según el estudio de los requisitos de usuario de APOLLO, se aprecia que la labranza y la pulverización eran las operaciones realizadas con más frecuencia por los agricultores durante el periodo de cosecha, independientemente del tipo de cultivo. Además, se observó que los agricultores que realizan agricultura de conservación optan por no labrar el suelo en absoluto. Por otra parte, los agricultores que practican más la agricultura intensiva (p.ej. en España) realizan mayor número de las citadas operaciones al año. Es evidente que la labranza juega un papel central durante toda la estación agrícola.

Mantener el suelo sano significa mayores cosechas
La calidad de la labranza es crucial para que los cultivos completen su ciclo biológico La labranza crea condiciones adecuadas de crecimiento y mejora la fertilidad sostenible del suelo. La cantidad de agua en el suelo es una consideración importante para una labranza eficaz. Si el suelo se labra cuando su contenido de agua es mayor que el límite plástico superior del suelo, se pueden producir grandes terrones, ocasionando daños estructurales al suelo que impedirán el crecimiento de la planta y llevarán a la formación de superficies irregulares. Si, por otra parte, el contenido de agua del suelo es menor que el límite plástico inferior del suelo, la labranza requiere excesiva energía y se forma polvo que causa una severa degradación del suelo. Esto supone una amenaza importante para la sostenibilidad agrícola. Cuando la labranza se realiza cuando las condiciones de humedad del suelo son óptimas, se reduce la degradación del suelo, mejorando así la eficiencia energética. Un suelo sano permite la infiltración de agua, la penetración de las raíces y el buen intercambio de aire, propiciando así las mejores condiciones para la germinación y el crecimiento.
Como se ha mencionado anteriormente, la labranza afecta muchos parámetros del suelo que son cruciales para la eficiencia de los insumos de cultivo tales como fertilizantes y pesticidas, la absorción de agua y su transpiración, los procesos y propiedades biofísicas del suelo, la emisión de gases invernadero, etc.

Reducción de costes y disminución de las emisiones
De todas las prácticas de gestión agrícola, la labranza posiblemente es la de mayor impacto medioambiental. Un aspecto de las prácticas de labranza ineficaces es la degradación del suelo. La labranza es la operación agrícola más ávida de energía, y por ello, la más cara. La labranza puede suponer más del 50% del consumo total de combustible durante la temporada de cultivo. Algunos agricultores no labran el suelo como práctica para evitar degradar la calidad del suelo y reducir los costes. Sin embargo, el no labrar parece implicar otros riesgos medioambientales importantes. En los últimos años se ha demostrado que frente a las prácticas de no labranza, la labranza reduce la cantidad de óxido nitroso (N2O) liberado a la atmósfera por hectárea en hasta un 66%. Esto es significativo considerando que el óxido nitroso es uno de los más potentes gases invernadero que captura hasta 300 veces más calor que el dióxido de carbono (CO2). Por ello, es obvio que la mejora en las prácticas de labranza podría ser una solución más adecuada para ayudar a reducir el consumo de combustible y las emisiones de CO2 que el eliminar la labranza.

Hacia lo orgánico
La agricultura orgánica consiste en minimizar el uso de productos químicos perjudiciales y mantener la sostenibilidad agrícola y medioambiental. Dos de los principales problemas a los que se enfrentan los agricultores orgánicos sin la ayuda de pesticidas y herbicidas son las plagas y las malas hierbas. Una técnica común para afrontar estos temas es labrar. Por una parte, los agricultores ecológicos no pueden usar herbicidas químicos para controlar la maleza. Por otra parte, la maleza puede albergar plagas y enfermedades y consecuentemente, el control de las malas hierbas puede también ayudar al control delas plagas, De modo que en lugar de pulverizar pesticidas, los agricultores ecológicos se limitan sencillamente a labrar con mayor frecuencia que los agricultores convencionales. Sin embargo, la mayor frecuencia de esta práctica podría incrementar el impacto negativo en la calidad del suelo y resultar encarecedora, al aumentar el uso de maquinaria y otros requisitos de labor adicionales. Los productores deben considerar el impacto de labrar frecuentemente de forma en la calidad del suelo y en la gestión de recursos.

Prácticas actuales
Los agricultores generalmente son los que deciden el momento apropiado para labrar basándose en su propia experiencia. Normalmente son cuatro los aspectos que se toman en cuenta: i) el tiempo, ii) la humedad del suelo, iii) el mes corriente, y iv) qué operaciones se planifican después de labrar, y el espacio de tiempo para que fuera factible su realización después de labrar. Por ejemplo, si se labra a destiempo se puede originar retrasos en la operación de siembra. Sembrar más tarde del momento apropiado normalmente origina una disminución de la producción porque el cultivo no aprovecha la capacidad de producción de su genotipo.
Normalmente, la decisión final del momento de labrar se toma en el campo usando el método de “tocar y percibir”, que significa por supuesto visitar el campo en persona. Sobre esta base, el agricultor decide si labrar inmediatamente o no. Si se aplican prácticas de gestión mejores, se puede reducir el tiempo de laboreo y el combustible, a la vez que se evitan prácticas de labranza de baja calidad que pueden ocasionar disminución de la producción.

¿Cómo pueden beneficiarse los agricultores de los servicios de Programación de labranza de APOLLO?
APOLLO tiene como objetivo ayudar a los agricultores a gestionar sus explotaciones agrícolas de forma sostenible y crear las condiciones apropiadas para reducir los costes y favorecer una mayor producción. Al ofrecer información a cualquier hora y en cualquier lugar sobre cuándo se debe labrar, los agricultores podrán tomar decisiones mejores. El asesoramiento que ofrece APOLLO también puede ayudar a los agricultores a optimizar su consumo de recursos. Podrán valorar con más acierto cuándo deben labrar e identificar la practicabilidad del suelo por todo el terreno. Por lo tanto, podrán resolver de forma inmediata problemas que se podrían resolver labrando, como por ejemplo, áreas que requieren drenaje.

En la actualidad. No existe una aplicación o herramienta de gestión agrícola disponible en el mercado que ayude a los agricultores a programar operaciones de labranza.

Beneficios a largo plazo Beneficios
Reducción de costes
  • Menos combustible
  • Menor necesidad de riego
  • Menos pesticidas
  • Menor desgaste de la maquinaria agrícola
  • Menor mantenimiento de la maquinaria agrícola
  • Aumento de la producción
Medioambiente
  • Menos emisiones de N2O
  • Menos emisiones de CO2
  • Menor necesidad de riego
  • Menos pesticidas

El serivio APOLLO de Programación de Riego ayudará a los agricultores a reducir su consume de combustible durante las operaciones de campo, mejorando la practicabilidad del suelo y haciendo más sostenibles potencialmente los recursos desde la siembra a la cosecha.

 

Quisieramos dar las gracias a Zisis Tsiropoulos (Agronónomo), a Evangelos Anastasiou (Agronónomo) y al doctor Spyros Fountas (experto en agricultura de precisión) de la Universidad Agrícola de Atenas, por sus aportaciones científicas a este artículo.

Créditos de imagen: Zbysiu Rodak (https://unsplash.com/@zbigniew)

 

*Los residuos orgánicos pueden causar problemas durante la siembra. La labranza puede ayudar a gestionar los residuos orgánicos al incorporarlos al suelo y evitando así los problemas durante la siembra.